Todos hemos tenido el típico día amargo en el que no te
apetece ver ni a las moscas. Yo también he tenido ese día. ¿Por qué? Por un
plantón. Por una soledad tirada en la cara como una bofetada. Por alguien que a
lo mejor no merece la pena llorar, pero aún así lloras, porque es importante.
Pero ahora yo me pregunto, ¿no habrá alguien que pueda darme la felicidad que
merezco? ¿No hay alguien que pueda entender mis rarezas, mis bipolaridades, mis
estados contradictorios y mi torpeza? Yo me pregunto eso. Pero como todo en la
vida, hay preguntas que se quedan sin responder. Y la pregunta más importante.
¿No hay otra persona que sepa APRECIAR tanto mis defectos, cómo mis cualidades?
Esa persona que me ha dado esa bofetada puede ser que no haya sabido apreciar
todo mi ser, no solo mis cualidades. Esa persona puede que viera mis defectos y
los viera tan grandes cómo para no volver a quererme. ¿Tan difícil es encontrar
a alguien que sepa apreciar defectos antes que cualidades? Yo tengo defectos,
como humana que soy, pero por ser yo tengo muchos. Pero gracias a esta
experiencia, yo me he dado cuenta de que no vale la pena llorar y sufrir por
alguien que solo se ha enamorado de mis cualidades, no de mis defectos. Y el
día en el que alguien llegue y se enamore de mis defectos, y me deje igual,
será el momento de llorar, de parar el tiempo en mi vida. Pero esa persona
todavía no ha llegado y hay un dicho que dice: De los errores se aprende. Yo
aprendí de este error. Por eso… ¿no hay veces en que deberíamos pensar en lo
que nos rodea y darnos cuenta de que esa persona no se enamoró de esos
defectos, que se pueden convertir en las mejores cualidades?
No hay comentarios:
Publicar un comentario